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Sábado 1 de octubre de 2005
"Busquillas":
Guía para los novatos "Indiana Jones"
CATHERINE LIZAMA N.
Perseguir riquezas ocultas está de moda. Y se puede comenzar hallando monedas antes de buscar botines piratas.
CATHERINE LIZAMA N.
Pala, picota y un
mapa: siete pasos a la derecha, ocho a la izquierda y cavar hasta dar
con el cofre lleno de monedas de oro... ¡Ojalá fuera tan fácil! Pero
los piratas eran egoístas y nunca dejarían sus riquezas al primero que
las quisiera. Así que se las encargaron en custodia a la tierra, que
según las leyendas, es una caja fuerte llena de monedas, lingotes de
oro y riquezas varias.
Muchos han querido acceder a alguno de
esos tesoros, basándose en datos históricos, mapas y cuentos de
corsarios de parche en el ojo y loro al hombro.
La isla Juan
Fernández es blanco de los aventureros y ya debe parecer colador de
tantas excavaciones. En estos días una empresa dice haber descubierto
allí un tesoro. Y un gringo lleva años y muchos dólares gastados
persiguiendo un botín perdido. Cierto o no, seguro despertará la fiebre
de los "Indiana Jones" locales. Pero los contagiados, necesitarán algo
más que una pala y un chuzo. Si se le pasó por la mente contratar a
"Arturito", el aparato que dio con el supuesto tesoro, mejor olvidarlo
porque no se arrienda y debe estar ocupado dando autógrafos.
Varilla moderna
Pero
Richard Greswell tiene su alternativa. Él mismo fue un "caza tesoros"
que terminó inventando y vendiendo detectores de metales. Asegura que
en la playa, ha llegado a desenterrar 400 monedas diarias que suman
unos $10 mil. Aunque también se ha topado con anillos y joyas que la
gente pierde bajo la arena.
Uno de los aparatos que creó es el
"Trackerhound", el hermano moderno de las varillas de madera que se
usaban para detectar agua, porque aplica el mismo principio.
Obedece
a la energía de la persona que lo opera y cuando encuentra algo, se
traba como si fuera atraído por un imán. Tiene un compartimiento donde
se pone el material que interesa. Si se inserta oro, sólo se dedicará a
ese metal. Pero es capaz de ubicar agua o hasta petróleo.
También
ofrece un detector que avisa con un sonido cuando encuentra algo y
tiene audífonos para no molestar a nadie. Cuestan unos US$ 700 (más de
$376 mil). "Acá llega mucha gente afiebrada con lo de los tesoros.
Dicen tener datos y andan haciendo hoyos", cuenta Greswell y asegura
que algunos han hallado hasta doblones de oro.
Aunque los
aparatos también sirven para descubrir riquezas sentimentales como
objetos que fueron de la abuelita y estaban en el patio de la casa.
Pero según el experto, el mayor tesoro que se obtiene es la entretención de la búsqueda.
Y
los entusiastas tienen diversión para rato porque, según los cuentos,
aún quedan riquezas ocultas. Como el tesoro de Guayacán en Coquimbo,
donde Francis Drake y sus compinches se reunían a planear sus
fechorías. También dicen que el pirata dejó sus recuerdos en Laguna
Verde, Quinta Región. Y bajo el agua de Los Vilos descansa el
"Santiaguillo", un barco español que se hundió cargado de oro y es
custodiado por las almas en pena de los marineros.
Es que en el
mar hay muchos galeones sumergidos que guardan sus misterios. Una forma
de conocerlos es hacer un paseo submarino a los sitios de naufragio. En
Aquatica ofrecen excursiones de buceo a barcos hundidos en Quintay,
Punta Chonos, Pichidangui, Valparaíso y Concepción. El encargado Pablo
Canobra, dice que antes cuentan la historia del buque y después
descienden a los vestigios. Los más expertos, incluso, pueden entrar
porque hay barcos con la estructura casi completa, como "El Liguria",
hundido en Concepción. Si no sabe bucear le enseñan por $40 mil. El
paseo cuesta $20 mil.
¿Hallazgos?
Si encuentra por
casualidad un "tesoro" como dinero o algo valioso en la calle, seguro
pensará que le cayó del cielo. Pero sepa que la ley obliga a entregar a
las autoridades cualquier cosa perdida cuyo valor exceda 1 UTM ($31.010
mil). De lo contrario, puede ser procesado por hurto con penas de
cárcel o multas de hasta 5 UTM (más de $150 mil).
De ahí, se
avisa en un diario del hallazgo y si no aparece el propietario, el
objeto se subasta y se divide entre el municipio y el que lo halló.
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